Las cuerdas del violín, y también las del violonchelo, son metálicas porque cuando se construyeron las salas de concierto era necesario que las cuerdas fueran de acero para que el sonido tuviera más calidad.
Hasta principios del siglo XIX, las cuerdas estaban hechas de tripa de oveja o de toro, y tenían un sonido cálido y cercano. Esto no era un impedimento, porque el público no solía ser muy numeroso. Con el surgimiento del romanticismo, los compositores se liberaron de los gustos de sus monarcas para componer según criterios artísticos.
Poco a poco, la gente empezó a asistir en masa a los conciertos, y se crearon las salas especificas. Las cuerdas se tuvieron que modificar para dar una mayor potencia, afinación y respuesta, tanto a las composiciones románticas, que exigían el máximo rendimiento técnico y acústico, como a los espectadores, que querían escuchar bien la música aunque estuvieran en la última fila de un gran teatro.
Visto y copiado de la edición impresa de El Periódico de Catalunya (22/11/2009). El texto de esta entrada está escrito por J. Paredes (Maestro de música) en respuesta a la pregunta que ha planteado un lector de ese diario.










2 comentarios
Hola, lo primero enhorabuena por tu blog, me gusta sobre todo el rigor con que contestas las preguntas que te planteas. Precisamente por eso quería puntualizar algunos detalles del tema que tratas hoy, que a mi me toca un poco de cerca (soy violinista profesional).
Dices "cuando se construyeron las salas de concierto era necesario que las cuerdas fueran de acero para que el sonido tuviera más calidad". Aunque luego matizas esta afirmación en el resto del artículo, las cuerdas de acero no tienen más calidad que las cuerdas de tripa, simplemente suenan diferente. Es como comparar peras y manzanas. La única cosa en la que las cuerdas de acero mejoran claramente a las de tripa es en la estabilidad (no se desafinan tan facilmente) y la facilidad de afinación (permiten el uso de unos accesorios llamados tensores que facilitan el proceso de afinado), pero comparar el sonido de uno y otro tipo de cuerdas es como decir que el color verde tiene más calidad que el rojo.
La otra incorrección (desde mi experiencia personal) es decir que "hasta principios del XIX" las cuerdas eran de tripa, porque se puede interpretar que a partir de esa fecha se generalizó el uso de cuerdas metálicas. Puede ser (no lo sé exacto) que los primeros modelos de cuerdas de acero daten de principios del XIX, pero la cuerda de tripa se siguió usando (y de hecho se sigue usando) hasta muy entrado el siglo XX. A este respecto te contaré una anécdota que lei en las memorias de un destacado violinista y director valenciano del siglo XX, José Ferriz. Él comentaba (no tengo el texto exacto porque he dejado el libro a un familiar) que por el año 1946 vino a Valencia a dar un concierto un cuarteto que venía de gira internacional. Don José, que contaba unos 20-25 años (no recuerdo exactamente) fue a ver el concierto y a saludar a los artistas al terminar el mismo, y como gesto simpático, el primer violín del cuarteto le regaló a nuestro protagonista una cuerda de acero usada por él en el concierto. Al día siguiente, don José llevó la cuerda al ensayo de la Orquesta Municipal de Valencia, y todos sus compañeros quedaron admirados, pues nadie llevaba cuerdas de acero en aquella orquesta. Estamos hablando de 1946, mediados del siglo XX. Yo mismo, que tengo 37 años, recuerdo a mi abuelo violinista hablar de las cuerdas de metal como algo extraño, moderno...
De las cuerdas que utilizo actualmente para tocar, dos de ellas (las más graves) están hechas de tripa, con un recubrimiento (entorchado) de plata o aluminio, pero de tripa al fin y al cabo. Solo las dos cuerdas superiores son de acero.
Espero no haber sido demasiado pedante, y reiterar la enhorabuena por el blog.
Saludos,
Enrique
Enrique, gracias por tu aportación.
Por lo que respecta a la entrada, comentarte que, como bien pone al final del post, el texto está extraído de la edición impresa de El Periódico de Catalunya que ha publicado el domingo 22 de noviembre y está escrita por J. Paredes (Maestro de música) en respuesta a la pregunta que ha planteado un lector de ese diario.
Saludos
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