El primer suicida al que la Historia dedica unas líneas es Periandro (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios griegos. Diógenes Laercio contó cómo el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara la vida, por lo que elaboró un plan digno de Norman Bates. El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos. A su vez, otros dos hombres debían acabar con los anteriores y enterrarlos algunos metros después, así hasta un número desconocido de muertos. En realidad, el plan para que el cadáver del sabio no fuera descubierto era brillante, pero en lugar de un suicidio tenía visos de masacre colectiva.
(Extraído e hiperenlazado de Muy Interesante)











3 comentarios
Jeje, esto me recuera a un anciano que puso como condición para quienes debían heredarlo el que tuvieran que rezar durante dos horas en la bohardilla de su chalet con la excusa de que era el lugar más cercano al cielo. El muy ....... había serrado las vigas y al poco se derrumbó la casa con todos dentro. Muy salao el finado.
Besos, amigo Listo.
¡Joder! ¡Y este era uno de los "sabios"! Cómo serían los gilipollas.
Creo recordar que con la tumba de Gengis kan pasó algo similar por lo que la práctica debe ser bastante común, también creo que en Egipto parte los constructores de las pirámides, los que conocían el acceso a las cámaras interiores, eran sepultados para evitar que divulgaran los secretos.
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