Si nos miramos el reverso de la mano o la parte interna de las muñecas percibiremos que debajo de la piel hay venas que son claramente azules. Se sabe que la sangre que fluye por ellas es roja. ¿Sugiere esto como conclusión que son los propios vasos los que tienen un color azul? Pues no lo son, y si se observan con atención se comprueba que las palmas de las manos, por ejemplo, están cruzadas por una fina red roja. Y también las mejillas se nos ponen rojas de vez en cuando. Lo que se observa en estos casos son tanto los vasos como la sangre roja que circula por ellas. Las venas sólo parecen azules cuando están situadas a 0,5 milímetros por debajo de la epidermis. La luz blanca que se forma con todos los colores del espectro penetra hasta esa profundidad. Su componente de luz roja, de gran longitud de onda, penetra muy profunda y es absorbida por la sangre. La luz azul es de corta longitud de onda, incide en las venas, se refleja y llega así al ojo humano.

Del libro:
¿CUANTO PESA UNA NUBE?
de IRIS HAMMELMANN
Editorial: MA NON TROPPO
ISBN: 9788496222878