En 1698, el zar ruso Pedro I el grande dicidió que sus subditos debían seguir la moda europea. Para ello promulgó un decreto que obligaba a casi todos los hombres a afeitarse la barba, salvo que estuviesen dispuestos a pagar un impuesto por llevar ese atributo masculino.
Los nobles debían pagar mil rublos por ese derecho y el pueblo llano un kopek (fracción del rublo).
Los sacerdotes y los campesinos quedaron exentos de ese impuesto, de modo que pudieron lucir sus barbas de forma gratuita.
(Visto en la revista Historia y Vida nº 421)











2 comentarios
Jo, pero que ingeniosos eran en aquellos tiempos para sacarse de la manga impuestos.
De lo que se entera una!!!
Y las mujeres con bigote pagaban también????
jeje
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