Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados japoneses violaban sistemáticamente a todas las mujeres que encontraban a su paso, fueron centenares de miles las victimas que las sufrieron. Para terminar con estos desmanes, el gobierno Nipón organizó un sistema de mujeres forzadas a prostituirse para la tropa que fueron conocidas como las “Lanfu” o “Consoladoras Sexuales”.
Se “reclutó” por la fuerza a unas 200.000 mujeres, el 80% coreanas, aunque también había chinas, filipinas e indonesias.
Los altos mandos militares consideraban que sus servicios eran imprescindibles para mantener la moral de la tropa.
Cuando terminó la guerra, estas mujeres se encontraban traumatizadas por los malos tratos y fueron rechazadas en sus lugares de origen.
Park Ok-ryun, una de las mujeres “reclutada” como lanfu, indicó que fue llevada como lavandera por los militares japoneses y se la obligó a sufrir sexo con 30 soldados al día.
En 1988, el Consejo Coreano de Mujeres Obligadas a Esclavitud Sexual Militar exigió a Japón que esclareciera los hechos y compensara a las supervivientes. Hasta 1992, cuando el primer ministro Miyazawa Kiichi viajó a Seúl, no hubo disculpas. El Gobierno nipón admitió al año siguiente la práctica de la esclavitud sexual durante la guerra, pero negó su responsabilidad legal argumentando que los tratados de posguerra y el Tribunal Militar del Lejano Oriente (1946 a 1948) dieron solución a todas las demandas. Sin embargo, a partir de 1998 se han sucedido los fallos que exigen compensación material para estas mujeres.

Actualización:
Aconsejo el visionado de los siguientes vídeos (en inglés) que hay alojados en Youtube.

Para saber más: Comfort women (en inglés)


Nota:
Bien es sabido que en la mayoría de los ejércitos, a lo largo de toda la historia, han existido los reclutamientos voluntarios de prostitutas para satisfacer las necesidades de los soldados.
Mario Vargas Llosa, en su magnífico libro“Pantaleón y las Visitadoras” hace un exquisito relato que trata de un servicio de prostitutas dedicado especialmente para servir a los puestos selváticos del Ejército de Perú, se basa en hechos reales que, según el propio autor, pudo observar en sus viajes a la Amazonía peruana durante 1958 y 1962.


Fuentes: El País / Amnistía Internacional / informarn