Lo que oímos no es sino el fluir de nuestra propia sangre en la cabeza. Cuando nos aplicamos a la oreja una caracola, el sonido de la sangre al circular por los finos vasos de nuestro sistema auditivo se amplifica de tal modo que provoca en el interior de la concha un potente efecto de altavoz.
Extraído del libro: Fisiquotidianía de Cayetano Gutiérrez Pérez (Licenciado en Ciencias Químicas y Catedrático de Física y Química) con expresa autorización del autor.
Extraído del libro: Fisiquotidianía de 









7 comentarios
¡No fastidies! Ya me has quitado un mito que tenía yo de pequeñín.
Ya no será lo mismo ir a recoger caracolas a la orilla del mar.
Qué pasada!! eso es cierto?.... Es nuestra propia sangre lo que oimos?... Qué fuerte!...
Un besito muy fuerte!!! :-D
ups, pues me voy a permitir dudar. Siempre he pensado que era el aire al pasar por la forma de la caracola, me parece mucho mas verosimil.
errrrrda eso si es de no creer!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
EXITOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Ahora decime que Papa Noel y los reyes magos no existen y me dejas sin esperanzas de vida... un psicologo a la mesa 1...
¿De verdad?jolín...yo que siempre creí que eran las olas de mar....ya no va a ser lo mismo recoger caracolas este verano...snif,snif...otra cruda realidad de la vida....
Lo que oímos no es sino el fluir de nuestra propia sangre en la cabeza. Cuando nos aplicamos a la oreja una caracola, el sonido de la sangre al circular por los finos vasos de nuestro sistema auditivo se amplifica de tal modo que provoca en el interior d
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