Un estudio ha demostrado que los seres humanos tenemos un canal nervioso específico para registrar las caricias de una madre o un ser querido. Este sistema, formado por fibras nerviosas muy finas, determina los aspectos emocionales del tacto, y el placer o la aversión que sentimos cuando alguien nos toca. Según una investigación de la Universidad Sahlgrenska de Goteborg, en Suecia, esos nervios especiales discurren en paralelo a los canales habituales del tacto y las sensaciones cotidianas, y se dirigen a zonas distintas del cerebro: los nervios de las caricias llegan al córtex insular, y los que perciben el tacto, al área somatosensora.
(Fuente: Quo)